Segunda Parte: El Reino del Caos

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Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:38 am

El Azote de Lordaeron

“La hoja no solo desgarra la carne, sino que carcome el alma. El que
blanda la hoja, blandirá también una maldición”

El misterioso Profeta, volando en forma de cuervo, llega a los
cuarteles generales de la Alianza en la Ciudad Capital de Lordaeron,
donde el Rey Terenas y los embajadores de la Alianza discuten acerca
de los recientes levantamientos orcos y la aparición de una extraña
plaga en las tierras del norte. Allí, advierte sobre el peligro de
la inminente invasión demoníaca y urge a la Alianza de viajar hacia
el oeste, a Kalimdor, pero Terenas y el Concejo de la Alianza
desacuerdan con él. Desilusionado, el Profeta parte en busca de
algún otro que escuche la advertencia para salvar a la humanidad.

Varios días después, el Príncipe Arthas, hijo de Terenas y su
heredero al trono de Lordaeron, llega cerca del sureño poblado de
Strahnbrad, enviado para ayudar al legendario Uther el Portador de
la Luz, su maestro, a prevenir el asalto de los Orcos del clan
Blackrock sobre Strahnbrad. Luego de lidiar con los orcos en la
villa, Arthas se entera de que estos han capturado algunos
pobladores y los han ejecutado en una especie de ritual demoníaco.

Treinta minutos después, en la base de Uther, Arthas descubre que
los negociadores de Uther han sido asesinados por los orcos, por lo
que Uther lo asigna para dirigir el ataque sobre el campamento
enemigo, mientras Uther contiene los contraataques. En su camino
hacia la base orca, Arthas se encuentra con una banda de enanos
dirigida por Feranor Steeltoe, una cazador de Dragones Negros, quien
se encuentra tras la pista de un Draco llamado Searinox que habita
cerca del área. El corazón de la bestia posee un encanto mágico que
puede beneficiar a su armamento. Arthas decide matar al dragón y
robar su corazón, con el cual Feranor elabora un poderoso orbe de
fuego que mágicamente coloca en el martillo del paladín. Esta vez,
Arthas lanza sus fuerzas contra el campamento Blackrock. Conforme
Arthas se aproxima a la base, el Blademaster del clan Blackrock
ejecuta a sus rehenes con el propósito de conjurar a sus amos
demonios. Las fuerzas de la Alianza rápidamente se deshacen de los
orcos, pero Arthas y Uther se encuentran profundamente preocupados
por la ceremonia. Deciden regresar a la Ciudad Capital.

Dos semanas después, en los jardines de la Ciudadela Violeta de
Dalaran, el gran Archimago Antonidas intercambia argumentos con el
Profeta. Al igual que el rey Terenas, Antonidas rechaza las
advertencias del Profeta, pues no cree la historia de este. Luego de
que el Profeta desaparece en su forma de cuervo, Jaina Proudmoore
aparece y se disculpa por espiar a su maestro. Antonidas asigna a
Jaina investigar acerca de la fuente de la plaga de las tierras del
norte de Lordaeron, y le dice que le ha conseguido un aliado
especial.

Tres días después, Arthas y sus hombres esperan en el cruzo de
caminos de Alterac. Jaina aparece y lucha con un par de orcos
mediante la invocación de un elemental de agua. Después de
intercambiar saludos, ambos héroes acuerdan viajar hacia el norte a
lo largo del Camino del Rey, buscando pistas del origen de la plaga.
Llegan a la villa de Brill, donde son informados de la destrucción
del puente que comunica con el otro lado del pueblo. Dando un rodeo
por los vados del río, al norte, se enfrentan con algunos Murlocs de
río y una banda de ladrones Bloodhills, y se dirigen hacia una
fuente mística al oeste. Al acercarse a Brill, encuentran a algunos
soldados luchando contra bandas de esqueletos vivientes. La villa
entera ha enloquecido. Siguiendo hacia el sur, encuentran un granero
infectado con la plaga, bajo el cual la tierra se ha ennegrecido y
secado, como si estuviera muerta. Temiendo que el grano esté
infectado, destruyen el granero y se adentran más en el pueblo,
solamente para enfrentarse nuevamente con otros grupos de
esqueletos. Ayudados por un par de sacerdotes Altos Elfos y un
equipo mortero enano, se aproximan hasta el centro de Brill, donde
se hallan con un extraño hechicero vestido de negro, ayudado por
algunos acólitos, que se encuentran cerca de un almacén de granos
infectado. Mientras el nigromante escapa, Arthas y Jaina se
enfrentan a los voraces necrófagos, más guerreros esqueletos y una
abominación. Vencidos y destruido el granero, Arthas y Jaina deciden
seguir al hechicero hacia Andorhal y averiguar, de una vez por
todas, el origen de la plaga.

Al aproximarse a Andorhal, al día siguiente, las tropas de Alianza
descubren un campamento de muertos vivientes en las afueras de la
ciudad, por lo que montan asedio al mismo. Una vez dentro de
Andorhal, Arthas se encuentra nuevamente con el nigromante, que no
es otro que Kel’thuzad, quien advierte a los jóvenes acerca del
Azote y del Señor del Terror, Mal’Ganis, comandante del mismo, cuyo
propósito es erradicar a todos los seres vivos de Lordaeron.
Mal’Ganis tiene su base en la ciudad de Stratholme, y ha retado a
Arthas a buscarlo y luchar con él. El grano plagado ha sido
distribuido entre los pueblos del norte de Lordaeron. Siguiendo a
Kel’thuzad hacia el exterior de la ciudad, Arthas finalmente logra
matar a Kel’thuzad, quien sombríamente pronuncia el Azote de
Lordaeron. Profundamente turbados, Arthas y Jaina se dirigen a
Stratholme.

Temprano la mañana siguiente, se aproximana a la villa de Hearthglen,
sobre el camino a Stratholme. Allí se enteran de que la marcha del
Azote ha iniciado, y un vasto ejército de muertos vivientes se
dirige a la ciudad. Arthas pide a Jaina que busque a Lord Uther
mientras el defiende Hearthglen. Casi de inmedianto, enormes masas
de muertos vivientes, necrófagos, zombis, abominaciones,
nigromantes, dirigidos por escalofriantes liches esqueléticos. Para
empeorar las cosas, una caravana del Azote, transportando grano con
la plaga, ataca las diversas villas cercanas, aumentando las filas
del ejército de muertos con cada golpe.

Después de brutales combates donde el poder de la Luz logra sostener
la voluntad y fuerzas de las tropas de Arthas, Uther y Jaina llegan
a Hearthglen, y con ellos, los Caballeros de la Orden de la Mano de
Plata. Vencido el ejército de los malditos, Uther felicita a Arthas
por su tenaz resistencia, pero el príncipe se encuentra encolerizado
por los actos del Azote, y parte hacia Stratholme para enfrentarse a
Mal’Ganis. Uther y Jaina parten tras el héroe, en parte para lidiar
con el Azote, pero también para vigilar al rápidamente deteriorado
paladín.

Horas después, sobre el camino a Stratholme, Arthas se topa con el
Profeta, quien le implora que es su deber guiar a su pueblo hacia
Kalimdor, ya que Lordaeron no puede ser salvado. Arthas acusa de
locura al Profeta, y éste finalmente se va. Jaina, quien ha
observado la escena desde la invisibilidad, se materializa y trata
de convercer a Arthas acerca de la sensatez de las palabras del
Profeta, pero Arthas se niega a abandonar su patria, y ambos parten
hacia Stratholme.

A la mañana siguiente, en las afueras de la ciudad, bajo un oscuro
cielo lluvioso, Arthas descubre que los habitantes de Stratholme ya
se encuentran infectados por la plaga, y decide que la ciudad entera
debe ser sometida a una purga. Uther y Jaina se horrorizan ante la
sola idea de la masacre, y el noble paladin se niega a realizar tan
vil acción. Furioso, Arthas acusa a Uther de traidor y le suspende
de sus servicios como paladín. Jaina decide darle la espalda y
partir con Uther, pues no puede observar a Arthas realizar la
matanza. Mientras Arthas se prepara para ingresar a la ciudad,
Mal’Ganis aparece y reta a Arthas, mientras transforma a los
inocentes pobladores en muertos vivientes, engrosando cada vez más
su ejército. Entre las horribles garras del demonio y la cólera del
príncipe, los pobres ciudadanos de Stratholme hayan una muerte
segura. Finalmente, ambos rivales se encuentran cara a cara, pero
Mal’Ganis, lejos de enfrentarlo, lo reta a seguirlo a las heladas
tierras de Northrend, donde hallará su verdadero destino. El Señor
del Terror desaparece y Arthas jura perseguirlo hasta el fin del
mundo.

Tres días después, entre las ruinas de Stratholme, Uther y Jaina
descubren la horrible carnicería. Casi la totalidad de la población
ha sido asesinada, y la ciudad arde en llamas. Uther demanda a Jaina
el paradero de Arthas, y ella, luego de pensarlo un poco, revela los
planes del Príncipe. Uther parte hacia Lordaeron a informar a
Terenas de los actos de su hijo. Una vez que Jaina queda sola, el
Profeta aparece nuevamente. Es a ella la que corresponde, ahora,
tomar la vara de la esperanza para toda la humanidad y viajar hacia
Kalimdor, donde podrá resistir el ataque de la Sombra que cae sobre
el mundo.

Un mes después, en la helada costa de la Bahía Daggercap, en
Northrend, las fuerzas de Arthas desembarcan sobre el frío
continente. El príncipe ordena la movilización hacia el interior
para establecer una base antes de iniciar la caza de Mal’Ganis.

Abriéndose camino entre los territorios de los trolls Gundrak de
hielo, Arthas se encuentra con un grupo de enanos, la Hermandad de
Exploradores de Ironforge, dirigida por su viejo amigo y maestro
Muradin Bronzebearb. Artrapados en Northrend, el avance de las
fuerzas del Azote ha dividido al grupo, por lo que Muradin acuerda
con Arthas el rescate de sus camaradas, mientras el valiente enano
el asistirá en el combate contra el Señor del Terror.

Las fuerzas de Arthas y Muradin combaten contra las bases del Azote
y rescatan a los enanos. Aunque no encuentran rastro de Mal’Ganis,
las tropas de la Alianza deciden establecer su base primaria en la
zona. Muradin explica a su amigo Arthas que los enanos se encuentran
en Northrend tras la pista de una legendaria espada conocida como
Frostmourne, pero mientras más se acercaban a la gruta donde se
oculta la espada, más muertos vivientes les salen al paso. Intrigado
por la misteriosa arma, Arthas decide ayudar a Muradin en la
búsqueda de Frostmourne.

Unos pocos días después, mientras Arthas y Muradin se hallan en una
misión de exploración, un emisario del Rey Terenas informa al
capitán del campamento acerca de que el rey Terenas, a instancias a
Lord Uther, ha decidido suspender la expedición. La flota tiene
orden de regresar a Lordaeron. Sin embargo, los ejércitos de los
muertos vivientes han tomado todos los caminos de regreso a la
costa, por lo que las tropas, jubilosas por volvera a casa, tendrán
que abrirse paso entre los bosques para llegar a sus barcos.

Enterado de la intromisión de Uther en sus planes, Arthas decide
hundir los barcos antes de que sus hombres puedan hacerse a la mar.
Aunque Muradin se sorprende de la pobre capacidad de juicio del
príncipe, decide ayudar a su amigo en el sabotaje de las naves.
Ayudados por un grupo de mercenarios trolls y ogros (contratado
forzosamente contra el gusto del propio Arthas), se abren paso entre
las tropas de los muertos vivientes y algunos puestos de guerra
nerubians, para finalmente llegar a la costa y quemar los barcos de
la Alianza. En ese momento, los hombres de Arthas llegan, pero el
príncipe, aprovechando la situación, culpa a los mercenarios y
ordena a sus hombres asesinarlos. Los mercenarios tienen un
sangriento final, y Arthas ordena a sus hombres regresar a sus
puestos: ninguno regresará a casa hasta que la misión esté completa.

Al día siguiente, Muradin reprocha a Arthas sus engaños y actitudes
poco honorables, pero el príncipe justifica sus actos de venganza en
la destrucción provocada por el Azote en Lordaeron. En ese momento,
Mal’Ganis reaparece y reta a Arthas nuevamente. Las fuerzas del
Azote han rodeado completamente el campamento y se preparan para
atacar. Como un último esfuerzo, Arthas y Muradin se lanzan en
búsqueda de Frostmourne, la única esperanza contra el poder de
Mal’Ganis.

Mientras el Capitán defiende la base, Arthas y Muradin penetran en
la oscuridad de la cueva. Luego de algunas vicisitudes, finalmente
llegan a la Cámara de la Espada, donde un Guardián, un Revenante de
hielo, protege la entrada. El Revenante advierte de la peligrosidad
del arma, pero Arthas ignora la advertencia y destruye al Revenante.
Con su último aliento, el Revenante le dice que lo estaba
protegiendo a él de la espada.

Dentro de la Cámara, Arthas y Muradin hallan a Frostmourne, la cual
flota en un bloque de hielo. El pedestal de la espada reza una
antigua maldición: “La hoja no solo desgarra la carne, sino que
carcome el espíritu”. A pesar de que Muradin trata de convencerlo de
volver y dejar la espada, Arthas siente que no tiene elección.
Invocando a los oscuros espíritus de la Cámara, rompe el bloque de
hielo y libera a Frostmourne, lo cual que cuesta la vida a Muradin,
atravesado por una estalactita durante la explosión. Arthas tira el
martillo de la luz y toma la espada. Su destino se ha sellado
finalmente.

Devuelta en el campamento, la situación es desesperada. Las fuerzas
de los muertos vivientes casi han derrotado al Capitán y sus tropas,
pero la llegada de Arthas con Frostmourne vuelca totalmente la
situación. Las fuerzas de Arthas dejan una estela de destrucción a
su paso hacia la Fortaleza de Draktharon. Destruida la última base
de resistencia de Mal’Ganis, el Señor del Terror emerge y se encara
con Arthas por última vez.

Mal’Ganis nota que Arthas tiene a Frostmourne a expensas de las
vidas de sus camaradas. La voz del Rey Lich habla a su cabeza, y
para sorpresa del Señor del Terror, el esclavizado Arthas lanza un
golpe fatal sobre Mal’Ganis. Su venganza está consumada.

Atormentado por la enloquecedora voz de Ner’zhul, Arthas vaga por
los helados parajes de Northrend, perdiendo los últimos vestigios de
su cordura. Tiempo después, bajo la dirección de su nuevo amo, el
Rey Lich, Arthas vuelve a la ciudad capítal de Lordaeron. Aunque los
ciudadanos celebran el regreso de su héroe, Arthas penetra en la
Cámara del trono, y en un acto vil y terrible, asesina a su propio
padre. Ahora, como nuevo rey de Lordaeron, Arthas entrega su reino
al Azote, y la caída final de la Alianza ha empezado.























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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:40 am

El Ascenso de los Malditos


La plaga de muerte del Rey Lich ha arrasado la Ciudad Capital de
Lordaeron y todas las ciudades circundantes. Aterrorizados y
descorazonados por la muerte de su noble rey, las fuerzas de
Lordaeron han sido barridas por los furiosos guerreros muertos
vivientes del Azote. Ahora, Lordaeron es solamente una sombra de su
anterior gloria – y el Príncipe Arthas no ha vuelto a ser visto…

Lord Uther el Portador de la Luz, destrozado por la muerte de rey (a
quien amaba como un hermano) y por la traición de su hijo y pupilo,
ha oficiado él mismo la incineración del cuerpo de Terenas, según la
tradición, y se ha ofrecido como voluntario para cuidar de su tumba.

La noche es oscura, fría y lluviosa, misteriosa como un profundo
enigma. El Príncipe Arthas, convertido ahora en el primer Caballero
de la Muerte del Rey Lich, es materializado en las afueras de la
villa de Vandermar, en el norte de Lordaeron. Monta ahora una
cabalgadura infernal, Pesadilla, una terrible criatura como el
esqueleto de un caballo, que bufa fuego por sus fauces. Frente a él,
una figura conocida se materializa, en quien Arthas cree reconocer a
Mal’Ganis. En el momento en que decide atacar, Tichodrius el Oscuro
se presenta y le felicita por haber matado a su padre y entregar su
tierra al Azote, ya que así ha aprobado la primera prueba del Rey
Lich. Por primera y unica vez en su vida, Artha se da cuenta de que
ha maldecido y destruido todo lo que una vez amó y defendió con
todas sus fuerzas, sin sentir ningún remordimiento o pena.
Ticondrius explica que esto se debe a Frostmourne, la cual ha sido
forjada para robar almas, y la de Arthas fue la primera que tomó. A
su vez, ordena al Caballero de la Muerte reunir nuevamente al Culto
de los Malditos, cuyos miembros se han escondido entre el populacho,
temerosos de ser descubiertos por los paladines.

Penetrando en la durmiente villa, Arthas va reuniendo uno a uno a
los acólitos del Culto, y se reporta de nuevo con Ticondrius. Su
siguiente misión será recobrar los restos mortales del fundador del
Culto, el nigromante Kel’thuzad, enterrados en el cementerio de
Andorhal.

Una vez en Andorhal, Arthas debe enfrentarse a la Mano de Plata, que
ha convertido la ciudad en una fortaleza para protegerla de los
ataques del Azote. El primero en caer es Gavinrad el Terrible, quien
guarda la tumba de Kel’thuzad. Arthas descubre que el espíritu del
nigromante puede comunicarse mentalmente con él, y a partir de ahora
será su fiel consejero. Los restos del nigromante, sin embargo,
están en un avanzado estado de putrefacción, y para poder
conservarlos, Ticondrius instruye a Arthas en recobrar una urna
mágica donde los restos podrán conservarse. Dicha urna,
desgraciadamente, se encuentra en manos de los paladines.

Arthas ponde sitio a la ciudad, y uno a uno van cayendo sus
defensores: Ballador el Luminoso y sus Campeones de la Paz, Sage
Truthbearer y los Campeones de la Verdad, y finalmente, Uther
Lightbringer, el antiguo maestro de Arthas. Uther reprocha al
Caballero de la Muerte el hecho de que su padre, el noble Terenas,
sostuviera a su pueblo por más de setenta años, mientras Arthas lo
había destruído en un puñado de días. La urna, además, contiene los
restos de su padre asesinado. Luego de un gran batalla entre ambos
titanes, Uther finalmente cae ante el poder de Frostmourne. El héroe
más grande de la historia humana ha muerto. Una vez seguros los
despojos de Kel’thuzad, Arthas, por instigación de Ticondrius, parte
hacia el mágico reino elfo de Quel’thalas. Solamente las potentes
energías del Pozo del Sol podrán reencarnar al nigromante.

Mientras tanto, en los oscuros salones de la ciudadela del
Torbellino del Vacío, Ticondrius y sus dos hermanos, Anetheron y
Mephistroth, disciernen acerca de sus sospechas sobre los motivos
ocultos del Rey Lich para su Caballero de la Muerte. Archimonde el
Profanador no permitirá ningún error, pero Ticondrius asegura tener
total control del Azote. Una duda, sin embargo, ha llenado su
cabeza.










El Pozo del Sol – La Caída de Silvermoon


Seis días
después, en las boscosas fronteras de Quel’thalas, el ejército de
muertos vivientes de Arthas inicia el asalto sobre el reino de los
Altos Elfos. El espíritu de Kel’thuzad le advierte de los grandes
poderes de los elfos, pero el Príncipe minimiza el asunto y el
ataque inicia. Luego de establecer su primera base, el Azote empieza
a ser atacado por las fuerzas de los elfos, dirigidos por Sylvanas
Windrunner, Ranger General de Silvermoon. Silvanas Windrunner, la
menor de las heroicas hermanas Windrunner, Alleria y Veressa, y la
única que les sobrevive. Más alta que sus compañeras Rangers,
extremadamente audaz y valerosa, con un hermoso cabello rubio largo
y brillante al sol, y un par de ojos de color verde esmeralda, los
cuales despiden una bravura solamente comparable con su belleza.

La entrada a Silvermoon se encuentra resguardada por dos puertas: la
Exterior, rodeada por enormes bases del ejército elfo, y la
Interior, protegida por un encantamiento, que solamente puede
abrirse con un artefacto mágico conocido como la Llave de las Tres
Lunas. Constantes y brutales batallas se entablan entre ambos
ejércitos, pero reiteradamente, Arthas logra hacer retroceder a
Sylvanas, hasta que la Puerta Exterior cae.

Sylvanas, para dificultar el avance del Azote, destruye el único que
puente que comunica directamente a la Puerta Interior. Valiéndose de
algunos dirigibles Goblin abandonados durante el escape, Arthas
logra pasar el río e inicia el asedio de los templos donde se
ocultan las tres partes de la Llave de las Tres Lunas: la Piedra de
Amatista de Hannalee, que abre el corazón del Guardián de la Puerta;
el Cristal de la Luna Esmeralda del Ojo de Jennala, que abre la
mente del Guardián de la Puerta, y el Cristal de la Luna de Zafiro
del Cuerpo de Enulaia, que abre el alma del Guardián de la Puerta.
Asistido por los demonios de la cripta, los cuerpos reanimados de
los guerreros nerubian de Northrend, uno a uno los templos son
destruidos, hasta que finalmente, la Llave de las Tres Lunas está
completa. La Puerta Interior cae y el asalto final a Silvermoon es
inminente.

Desesperada por la cercana caída de su patria, Sylvanas envía
constantes mensajeros a Silvermoon pidiendo refuerzos, pero estos
son fácil presa de las gárgolas que Arthas ha traído de Northrend.
Las superiores fuerzas del Azote rodean y destruyen el último
bastión de Sylvanas. La valiente elfa se prepara para enfrentar una
muerte segura, pero Arthas tiene otros planes. Sabedor de que
Sylvanas ha sido una contrincante formidable y a la vez útil, Arthas
le lanza una herida mortal, pero a la vez, usando a Frostmourne,
esclaviza su espíritu, que se transforma en una banshee, un alma
eternamente atormentada.

Con esta nueva y poderosa adquisición a su ejército, Arthas se ha
vuelto imparable. Con sus nuevos y horribles poderes, la que fue
Silvanas Windrunner ha llamado a los espíritus de sus camaradas
caídas, que retornan del oscuro Abismo convertidas en terribles y
rencorosas banshees. Ansiosas por retomar su forma terrenal, las
banshees se lanzan hacia Silvermoon, atormentando a los confundidos
ciudadanos y sembrando el dolor y la confusión entre las tropas de
los elfos. Algunas, incluso, se han posesionado de los caballeros y
soldados más fuertes, que ahora, guiados por la oscura voluntad de
la banshee, se vuelven contra sus compatriotas.

El Azote, encabezado por Arthas, se encuentra a las puertas de la
ciudad. Miles de esqueletos vivientes y zombis caminan sobre las
calles de Silvermoon, sembrando la muerte y la desolación.
Silvermoon arde en llamas, y los pocos sobrevivientes huyen hacia
los bosques y la costa. Muerte, cuerpos putrefactos y ríos de sangre
corren por las calles. El Concejo de los Siete Altos Elfos ha
abandonado la ciudad. Las tropas de Arthas avanzan hasta el Pozo del
Sol.

El Santuario se halla defendido por cuatro grandes Golems de
granito, creados mágicamente por los hechiceros para guardar el
preciado tesoro. Aunque los Golems son realmente poderosos e inmunes
a los hechizos, la superioridad numérica del Azote es evidente, y
finalmente las criaturas son destruidas. Arthas ha llegado hasta el
Pozo mismo. La potente energía que mana de él es realmente
asombrosa.

Los restos del nigromante son colocados dentro del Pozo, mientras el
fantasma de Kel’thuzad ingresa en las potentes aguas. La energía
desplegada es formidable, pero el Pozo del Sol, corrompido por la
negra magia de los muertos, se ha enrojecido como la sangre.
Kel’thuzad ha emergido de la fuente, pero ahora, su cuerpo es el de
un formidable y espeluznante esqueleto rodeado de una corrupta y
voraz aura de maldad. El dolor, el frío, la misericordia, la
incertidumbre, la ansiedad, la angustia, todas las vanas
preocupaciones que apasionan y desbordan los corazones de los
mortales, son polvo que lleva el viento para él.

La masacre y la destrucción del Azote ha llegado a su fin. Reforzado
por gran cantidad de tropas por los muertos recientes, el ejército
de Arthas se retira hacia el sur, tomando el camino hacia las
montañas de Alterac. Silvermoon, y con ella toda la orgullosa y
ancestral raza de los Altos Elfos, solamente son sombras del
pasado...









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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:41 am

La Revelación

Levantado ahora como un Lich, Kel´thuzad lleva al Caballero de la
Muerte hacia las montañas Alterac, donde le explicará el verdadero
propósito del Rey Lich y el Azote. Tres días después, en las heladas
montañas Alterac, Kel´thuzad le explica a Arthas que el Rey Lich fue
creado por los feroces señores de la Legión Ardiente para preparar
el camino de la segunda invasión de Azeroth. Los Señores del Terror
Nathrezim han sido enviados para observar que tal meta se lleve a
cabo. La plaga de muertos vivientes que el Culto de los Malditos
lanzó sobre Lordaeron e incluso la invasión de Quel´thalas fue
ordenada para quitar del camino dos enemigos que pudieran resistir
el regreso de la Legión. Esta era la primera fase del plan del Rey
Lich. Arthas parece impresionado por la enormidad de los eventos por
venir, pero Kel´thuzad le asegura que diez mil años antes sobre el
mundo hubo una guerra que sería el preludio del caos que la Legión
desataría sobre Azeroth.

Dada la presenta situación, Arthas y Kel´thuzad se acercan al
campamento de orcos del clan Blackrock para ordenar la segunda fase
del plan de Ner´zhul. El Azote debe destruir el campamento de los
orcos Blackrock y tomar control de una puerta demoníaca que aún es
funcional. Kel´thuzad usará la puerta para comunicarse con el
demonio Arquimonde el Profanador, quien actualmente dirige el plan
de invasión de la Legión.

Sin embargo, los orcos Blackrock no serán un rival fácil.
Jubei´thos, el Maestro de las Espadas, quien se había enfrentado con
Arthas cuando aún era paladín, ha logrado su propósito de invocar a
los demonios, y el clan se encuentra fortalecido por poderosos
brujos, ogros magos, esclavos goblins y fieros dragones rojos. El
mismo Jubei´thos se ha transformado en un Orco del Caos. Ahora,
erigido en nuevo líder del clan después de la derrota de Doomhammer,
ha rechazado las enseñanzas chamanísticas del que considera hereje
nuevo Señor de la Guerra y ha acogido la sed de sangre, condenando a
todo su clan a ser esclavos eternamente.

Kel´thuzad le dice a Arthas que, hace mucho tiempo, los orcos fueron
la primera arma de la Legión contra la humanidad. Estos reclaman ser
los verdaderos sirvientes de la Legión Ardiente, y creen que sus
amos les han enviado a los muertos para probarlos. Arthas ha decido
matar a cada uno de los líderes del clan Blackrock para obtener
poderosos artefactos mágicos que estos guardan.

Aunque poderosos, los orcos del Clan Blackrock no son rival para el
ejército de Arthas, y el Caballero de la Muerte toma control
rápidamente de la puerta. Jubei´thos muere por la espada del
poderoso Caballero, dejando condenados a sus orcos a la esclavitud
eterna. Kel´thuzad activa el portal y contacta a Arquimonde.








Asedio y Destrucción de Dalaran

“Tiemblen,
mortales, y desesperen. El Apocalipsis ha llegado a este mundo”.
Archimonde el Profanador


Arquimonde ordena al lich encontrar el libro de hechizos perdido de
Medivh, el Último Guardián, pues solamente los poderosos encantos de
este libro pueden abrir un portal lo suficientemente grande para que
la Legión regrese al mundo. El libro puede ser hallado en la ciudad
mágica de Dalaran, hogar del Kirin Tor. Archimonde ordena que la
invocación deba ser realizada máximo en tres días en las afueras de
la ciudad. El Libro de Medivh, que fuera robado por las fuerzas
orcas de Ner’zhul antes de la invasión de Draenor, fue el único de
los objetos mágicos que pudo ser salvado por la Alianza antes de que
aquel planeta implosionara.

A la mañana siguiente, en las puertas de Dalaran, Arthas ordena a
los magos rendirse a la fuerza del Azote. El Archimago Antonidas,
líder del Kirin Tor sale a su encuentro e, irónicamente, le pregunta
por la salud de su noble padre. A su vez, le advierte de no entrar a
la Ciudadela Violeta, pues los magos del Kirin Tor han erigido un
aura mágica que destruirá a cualquier muerto viviente que intente
ingresar a la ciudad. Arthas refuta sus amenazas, pero Antonidas de
tele-transporta dentro de la ciudad. Kel´thuzad nota que son tres
los magos que mantienen las auras, y si el Azote logra matarlos, el
hechizo será roto y el Azote podrá arrasar la ciudad.

En Dalaran, los tres archimagos más poderosos del Kirin Tor (Shal
Lightbringer, Conjurus Rex y el mismo Antonidas) elevan el
encantamiento del aura para defender la Ciudadela Violeta. Aunque
muchos muertos vivientes son destruidos por las poderosas auras, el
grupo de Arthas logra penetrar en Dalaran. Uno por uno, los
archimagos van cayendo, gracias a que Arthas ha logrado controlar a
los poderosos Golems y Dragones Azules que los magos tenían
encerrados en Dalaran para su estudio. Cuando Antonidas, el último
mago, cae bajo el poder del Rey Lich, clama que su actual dolor
caiga sobre la conciencia de Arthas, que luego le da muerte. El
Caballero de la Muerte y el lich logran reclamar el libro de
hechizos.

Una hora después, en una colina sobre Dalaran, Kel´thuzad y Arthas
se preparan para invocar a Arquimonde. Kel´thuzad se da cuenta de
que el conocimiento demoníaco del Medivh poseído está más allá de
cualquier cosa que él hubiera visto. Ticondrius aparece y ordena el
inicio de la invocación. Conforme el lich inicia la entonación de
los hechizos para traer a Arquimonde a Azeroth, Arthas guía a sus
guerreros muertos vivientes para defender al lich de las
encolerizadas fuerzas de Dalaran, que preparan un último masivo
ataque contra el Azote.

Ola tras ola, las tropas del Clan de Magos y la Liga de los
Hechiceros, bajo el mando de los magos Mannath Magesinger y Landazar,
luchan por derrotar las defensas del Azote. Ambos bandos tienen
grandes pérdidas, pero finalmente, Kel´thuzad abre el portal, y las
fuerzas de la Legión Ardiente, lideradas por Arquimonde el
Profanador, ingresan al mundo. Dando a Ticondrius y los señores de
terror el poder del Azote, proclama que el rey Lich ya no le es
necesario y se dirige hacia Dalaran para destruirla, como ejemplo
para el resto de los habitantes de Azeroth. Sorprendido y
encolerizado, Arthas pregunta a Kel´thuzad que pasará con ellos una
vez que la Legión tome el control. El lich tranquiliza al Caballero
de la Muerte, diciéndole que el Rey Lich ya había previsto esta
situación y tiene un plan apropiado.

Mientras tanto, Archimonde realiza un terrible hechizo sobre Dalaran,
y usando sus poderes mágicos, se trae la ciudad entera al suelo. La
destrucción de Dalaran termina con el reinado del Kirin Tor, priva a
Azeroth de una de sus defensas primarias contra la Legión, y sirve
como telón de obertura para la Tercera Guerra. Después de diez mil
años, la segunda invasión demoníaca sobre Azeroth había comenzado…






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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:47 am

En el Ojo del Maelstrom - El rescate de los Darkspear

“Sobre el
horizonte… hacia su destino”.

Los lugartenientes de Thrall le reportan que la mitad de la
flota está perdida, y que la otra mitad está seriamente dañada.
Thrall ordena construir una base en la isla, pues tomará cierto
tiempo poner a punto la flota para continuar el viaje hacia Kalimdor.
Uno de los chamanes de Thrall reporta que siente un extraño poder
mágico alrededor del campamento. Usando su hechizo de Visión Lejana,
Thrall descubre que Centinelas Guardianes han sido colocados
alrededor de la zona donde la Horda ha desembarcado. En ese momento,
un curandero troll de la isla llamado Sen´Jin, de la tribu Darkspear,
aparece y advierte a Thrall de que unos invasores han establecido un
puesto de observación al otro lado de la isla. Los Trolls han
intentado vivir en paz, pero los invasores, humanos, los han cazado
día y noche. Sin atenerse a esperar un ataque humano, Thrall ordena
a una patrulla lidiar con cualquier tropa humana que se atreva a
cruzar. Lo que Thrall y Sen´Jin no conocen es que estas tropas son
marines reales de la nación marítima de la Alianza, Kul Tiras, al
mando del Gran Almirante Daelin Proudmoore.

Los Darkspear, una tribu de trolls de la jungla, fueron exiliados en
esta isla luego de entrar en conflicto con sus hermanos los
Gurubashi, quienes gobiernan en las vastas junglas del Valle de
Strangletorn, en Azeroth, después de que los Darkspear se negaran a
adorar al sanguinario dios Hakkar el Devorador de Almas.

Después de ayudar a los Trolls a purificar una fuente de sanidad y
defenderlos de los constantes ataques humanos, las fuerzas de Thrall
inician el asedio del campamento de Kul Tiras. Mientras los humanos
pelean valientemente, se ven sobrepasados por las fuerzas combinadas
de orcos y trolls. Sin embargo, justo cuando la Horda está cerca de
vencer a los humanos, ambos lados se ven atacados por un gran número
de Murlocs acuáticos. Tomando a los humanos, orcos y trolls bajo su
custodia, los Murlocs argumentan que la magia de Thrall no
interferirá más con sus planes de “retomar la superficie”. Las
criaturas acuáticas llevan a sus prisioneros a una red de cavernas
profundas dentro de la isla.

Thrall se encuentra prisionero en una mazmorra subterránea, separado
de sus compañeros. Como él se pregunta el propósito de los Murlocs
en capturarlo, un troll que se encuentra aprisionado junto con
Thrall le explica que los Murlocs usualmente eran pacíficos, pero
recientemente empezaron a capturar humanos y trolls para usarlos en
sacrificios para su líder: una Bruja del Mar que amenazó con
destruir la isla si los Murlocs no obedecían. Thrall no se intimida
y utiliza su Rayo Luminoso para matar a los guardias y escapar de su
celda. El y el troll salen a rescatar a sus compañeros.

Después de abrirse camino a través de la prisión subterránea y
recoger a todos los prisioneros que encuentran, Thrall y sus tropas
finalmente llegan al salón del trono del hechicero Murloc que los ha
aprisionado. Sin embargo, es demasiado tarde para salvar a Sen´Jin,
que es brutalmente sacrificado por el hechicero como sacrificio para
la Bruja del Mar. Consumido por su ira, Thrall derrota al hechicero
y llega al lado del Sen´Jin moribundo.

Con su último aliento, Sen´Jin le ruega a Thrall que guíe a los
trolls hacia Kalimdor junto con el resto de la Horda, pues nunca
podrán volver a vivir en paz en esta isla. Él asiente y extiende la
oferta a los restantes Trolls, quienes acceden a formar parte de la
Horda.

En ese momento la voz de la Bruja del Mar hace eco dentro de la
caverna, diciendo a los orcos que no escaparán tan fácilmente, luego
de lo cual, las paredes de la caverna subterránea empiezan a
colapsar, y los soldados de la Horda tiene que escapar hacia la
superficie.

Conforme las tropas de la Horda salen de la cueva, la Bruja del Mar
aparece y los ataca por haber matado a sus sirvientes y profanado su
santuario. Como compensación, ella tomará las vidas de orcos y
trolls. Thrall ordena a la Bruja regresar a las profundidades y
dejar la isla en paz. Sin embargo, la Bruja no lo escucha y se
prepara para golpear el campamento de la Horda con sus tropas.

Volviendo rápidamente a la base, Thrall pregunta por el estado de la
reparación de los barcos. El capitán encargado del campo le dice que
los barcos están casi terminados, pero en eso un volcán hace
erupción y la isla completa empieza a hundirse. Thrall ordena
defender los barcos a toda costa contra los Murlocs hasta que las
reparaciones estén finalizadas y la Horda pueda continuar su viaje
hacia Kalimdor.

Durante los siguientes minutos, los peones trabajan frenéticamente
para reparar los barcos mientras los guerreros restantes batallan
contra la Bruja del Mar y los Murlocs. Finalmente, la reparación se
completa y la Horda rápidamente evacua la isla y desaparece entre
las ondas del mar. Conforme navegan hacia Kalimdor, la voz de la
Bruja del Mar hace eco entre las olas, profetizando la destrucción
de los habitantes de la superficie en manos de la raza acuática
co
nocida como los Naga…



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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:48 am

La Invasión de Kalimdor

“- Thrall…perdóname…
he sido un tonto. La furia de los demonios… se extingue mis venas.
¡Me he liberado a mí mismo!
- No, amigo mío… nos has liberado a todos”.
La muerte de Hellscream. Leyenda orca.

Después de semanas de viajar por los mares embravecidos, la
Horda ha desembarcado sobre las salvajes costas de Kalimdor. Con sus
barcos robados quebrados y hundidos, los orcos precavidamente se
aventuran tierra adentro, previniendo los posibles peligros
desconocidos que habitan en la desolada tierra.
Con sus barcos quemados y lentamente hundiéndose en el mar, Thrall
pregunta por el resto de la Horda. No hay seguridad de haber llegado
a Kalimdor, pero han viajada hacia el oeste más allá de toda tierra
conocida. No hay rastros de Grom Hellscream o los Warsong, pues sus
barcos fueron separados de la flota durante la tormenta, por lo que
Thrall ordena iniciar la búsqueda para reagruparse.

Conforme viajan sobre la extraña y hermosa tierra, los orcos
rescatan miembros de la Horda que han sido capturados por una
extraña raza de criaturas semejantes a jabalíes. Grupo por grupo,
los quillboars van cayendo ante el poder superior de la Horda.
Explorando las distintas aldeas quemadas, presencian la lucha entre
los Centauros y enormes seres como toros, las cuales caen ante la
superioridad numérica de los Centauros, y Thrall presiente que la
Horda ha llegado a un lugar con muchos más conflictos que los que
dejó atrás en Lordaeron.

Eventualmente las fuerzas de la Horda tratan de ayudar a las
criaturas toro, hasta que logran dar con su líder, Cairne Bloodhoof,
jefe de los Tauren, el cual se encuentra intrigado por el estilo de
pelea de los orcos y desea conocerlos más. Thrall le relata la
historia de cómo la Horda vino a Kalimdor a hallar su destino, y
Cairne sugiere que pueden hablar con el Oráculo que se encuentra más
al norte. Thrall se resiste a viajar en esa dirección, pues un
enorme ejército de centauros se mueve hacia allá. Cairne se alarma
pues los centauros marchan hacia la aldea Bloodhoof, y debe retornar
de inmediato. Deseoso de conocer más acerca del Oráculo y los Tauren,
Thrall conduce a la Horda hacia la aldea de Cairne y lo asiste en su
defensa.

Una vez en la aldea, la Horda y los Tauren resisten el asedio de
constantes olas de Centauros. Eventualmente, el Campeón de los
Centauros llegará a pelear y caerá ante las fuerzas unidas de ambos
ejércitos. Su muerte motivará la retirada de los centauros.

Cairne agradece a Thrall su apoyo, pero el viejo jefe se encuentra
desesperanzado, pues los centauros controlan toda la región, y los
Tauren se ven obligados a viajar a las verdes praderas de Mulgore o
si no morirán. Desafortunadamente, la velocidad de los centauros no
tiene rival en los planos abiertos, y el líder de los Bloodhoof teme
que su caravana será aniquilada durante el viaje. Thrall ofrece
escoltar a los Tauren a Mulgore a cambio de la información del
Oráculo que Cairne le informó. Cairne, intrigado por los orcos y los
trolls, accede. La Horda y los Tauren planean una larga marcha a
través de los planos del sureste de Kalimdor.

Dos días después, sobre las desoladas llanuras de los Barrenos,
Thrall y Cairne intercambian información sobre cada una de sus
culturas durante su viaje hacia Mulgore. Thrall nota que Kalimdor es
muy similar al mundo destruido de los orcos, Draenor. Cairne relata
a Thrall que los Tauren son hijos de la Madre Tierra, y que por ella
tienen una cultura pacífica y un estilo de vida propios en esa
tierra. En ese momento, varios scouts de la Horda reportan que una
banda de arqueros y guerreros centauros se acerca para atacar la
caravana. Thrall rápidamente ordena a las tropas que escolta a las
bestias Kodo de los Tauren hacia una serie de oasis donde podrán
reabastecerse. Cairne y los guerreros Tauren asistirán en la defensa
del convoy.

Conforme los centauros continúan el asedio a la caravana durante su
viaje, los guerreros orcos y tauren la defienden de las brutales
bestias. Eventualmente la caravana logra llegar a Mulgore, pero los
centauros casi se encuentran sobre ellos. Llamando al espíritu de la
Madre Tierra, Cairne provoca un derrumbe de una formación rocosa,
que obstruye el paso de los centauros hacia Mulgore.

Con el paso asegurado, Thrall pregunta a Cairne acerca del Oráculo.
Cairne dice que las leyendas hablan de que el Oráculo conoce los
caminos del destino y que es Hijo mismo de la Madre Tierra, y que
solamente él podrá mostrarle a la Horda su verdadero destino. El
Oráculo puede ser hallado en el norte, en lo más alto del Monte
Stonetalon. Luego de mostrar agradecimiento por la asistencia de la
Horda, Cairne envía sus más finas bestias Kodo para asistir a los
orcos y trolls en su viaje. Thrall agradece a Cairne su generosidad
y promete nunca olvidar al jefe Tauren. Cairne deja la Horda con una
bendición de la Madre Tierra y los Tauren continúan su viaje sobre
Mulgore.

Mientras tanto, de regreso en Lordaeron, la Legión inicia su
invasión. Las villas humanas son arrasadas por la Guardia del
Apocalipsis y los Infernales. Ticondrius aparece y conversa con
Mannoroth el Destructor, el barbárico líder de los Señores del Foso.
Mannoroth se encuentra disgustado por la facilidad con que los
demonios han derrotado a los Humanos. Ticondrius aclara que esto es
gracias al trabajo del Azote, el cual exitosamente derrotó a los
humanos y Altos Elfos antes de la invasión, cosa que los orcos no
pudieron realizar cuando hicieron el pacto de sangre con Mannoroth.
A su vez, Ticondrius informa a Mannoroth que los orcos no se
encuentran lejos, y que sus agentes los han hallado en Kalimdor, por
lo que Mannoroth jura destruirlos por su traición. Sin embargo,
Arquimonde, que aparece de la nada, le dice que los orcos aún pueden
ser útiles a la Legión.

Cinco días después, cerca de las faldas del Monte Stonetalon, la
Horda de Thrall continúa su viaje en busca del Oráculo. Sin embargo,
hay desazón entre los miembros de la Horda por la falta de un buen
combate. En ese momento, a lo lejos, divisan a Grom Hellscream y los
Warsong luchado contra los defensores de un asentamiento humano.
Sorprendidos de hallar humanos en Kalimdor, la Horda se une a la
batalla. Con la base humana en ruinas, Thrall y Grom discuten la
situación. Éste último le informa que los humanos se encuentra
liderados por una joven, y han tomado el paso hacia el norte. Thrall
ordena explorar el área, y ordena a Grom no atacar a los humanos
hasta que sus posiciones estén listas.

Los scouts de Thrall informan que un grupo de Goblins tienen unos
zeppelines hacia el norte, los cuales permiten pasar las fuerzas
humanas sin tener que pelear con ellas. Sin embargo, la sed de
sangre de Grom lo obliga a atacar a los humanos, con lo que las
fuerzas de Thrall se ven obligadas a luchar contra ellos. Las
fuerzas de la Alianza se encuentran comandadas por Agronnor el
Poderoso, Thane de Ironforge al mando de las fuerzas de Gilneas,
Buzan el Osado, paladín de la Mano de Plata, y Tann Flamecaster,
mago sobreviviente de la destrucción de Dalaran. Todos caen en la
batalla. Luego de neutralizar las bases humanas, Thrall confronta a
Grom, pero este le responde que los humanos merecen morir, y que la
sed de sangre hierve en sus venas, igual que antes, cuando los
demonios estaban cerca. Furioso, Thrall envía a Grom y su clan hacia
el norte, al bosque de Ashevale, para construir un nuevo
asentamiento, mientras él se dirige hacia el Monte a buscar el
Oráculo.

Dos días después, en las fronteras del Bosque de Ashenvale, los
Warsong construyen un pequeño campamento donde se levantará el
asentamiento de los orcos. Grom se encuentra disgustado por que sus
bravos guerreros se ven obligados a realizar trabajos manuales.
Algunos de sus soldados, entonces, empiezan a temer el bosque,
debido a que escuchan extrañas voces en un idioma desconocido que
hacen eco en los ancestrales árboles.

Unos momentos más tarde, un grupo de guerreras aparece y ataca a los
Warsong, reclamando el irrespeto de los orcos hacia la vida. Grom
Hellscream nota que estas se parecen a los Altos Elfos, pero su
color de piel es púrpura y son más altas y salvajes. Constantemente,
mientras exploran el área, los orcos son atacados por las guerreras,
pero la superioridad de los orcos asegura el terreno. Grom,
finalmente, halla una pequeña tienda Goblin, donde su dueño, el
jovial Neeloc Greedyfingers, le ofrece dos aserradores mecánicos a
cambio de matar a líder de una tribu de furbolgs, unos enormes y
voraces hombres-oso que viven en lo profundo del bosque, a lo que
Grom accede. Con ayuda de los aserradores, Grom logra levantar
rápidamente el asentamiento para Thrall.



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continuacion de conquista de kalindor

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:49 am

Mientras tanto, cerca de las Praderas de la Luna del semi-dios
Cenarius, Mannoroth y Ticondrius discuten el plan de la Legión para
los orcos. Como prevención, Archimonde demanda la muerte de Cenarius
antes de invadir Kalimdor, para evitar que éste participe en la
defensa. Mannoroth reconoce que Cenarius es extraordinariamente
poderoso y le gustaría enfrentarlo en la batalla, pero el semi-dios
raramente aparece en despoblado. Tichondrius y Archimonde creen que
los orcos pueden matar a Cenarius por la Legión, solamente necesitan
de un pequeño incentivo. Entonces, Mannoroth vierte su sangre
ardiente en la fuente de Cenarius, con el objetivo de que los orcos
la beban y reaviven la sed de sangre.

A la mañana siguiente, en Ashevale, los orcos han construido un
nuevo asentamiento. En ese momento, Cenarius aparece y destruye el
campamento, utilizando a sus treants y los elfos nocturnos, como
retribución por la destrucción del bosque. Superados por las fuerzas
enemigas, los orcos cruzan el río en retirada, y Cenarius hace
crecer nuevamente, con sus poderes, los bosques. Buscando una manera
de derrotar a Cenarius, Grom envía a un grupo a explorar la parte
más profunda del bosque. Estos descubren una fuente que irradia un
gran poder, resguardada por Sátiros, los cuales son rápidamente
despachados por los orcos. Sin embargo, uno de los curanderos troll
advierte a Grom que el poder que emana de la fuente es maligno, pero
éste no le da importancia: está decidido a acabar con Cenarius bajo
cualquier precio. Uno de sus soldados le dice que eso estaría en
contra de todo lo que Thrall les ha enseñado, pero Grom bebe de las
oscuras aguas, e inmediatamente, él y sus orcos se transforman en
Orcos del Caos.

Movidos por la magia demoníaca, las fuerzas de los Warsong atacan el
territorio de Cenarius. Con sus nuevos poderes infernales, los
Warsong rápidamente derrotan a los Elfos Nocturnos y asesinan a
Cenarius, cuya armadura divina es vulnerable a la magia de los
demonios. Mientras agoniza, Cenarius dice a Grom que los demonios
han hecho muy bien su trabajo al corromper a los orcos. Cuando Grom
proclama que los orcos son libres del poder de la Legión, Cenarius
le refuta diciendo que “no son mejores que la maligna bilis que
corre por sus venas”. En este momento, Mannoroth aparece y le dice a
Grom que los orcos son nuevamente propiedad de la Legión. Grom
protesta diciendo que los orcos son libres, pero Mannoroth,
burlándose, le dice que es su sangre la que le da poder a sus
fuerzas y que a partir de ahora le servirá solo a él.

En ese mismo momento, en la base del monte Stonetalon, los scouts de
Thrall informan al Señor de la Guerra que las fuerzas humanas se han
posicionado cerca de la entrada al Oráculo. La Horda se ve obligada
a atacar la base humana. En ese instante, los Tauren, con Cairne a
la cabeza, llegan para asistir a sus aliados orcos. Dado que la base
humana se encuentra en una alta planicie sobre las rocas, Cairne
sugiere pedir ayuda a los Wyverns, una raza de criaturas voladoras,
para atacar la base.

in embargo, los Wyverns han sido capturados por un grupo de Harpías,
y la Horda tiene que rescatarlos primero. Una vez de su lado, los
Wyverns realizan un ataque aéreo sobre la base humana y la toman. La
joven hechicera humana y sus seguidores huyen a lo profundo de la
caverna, y la Horda se prepara para perseguirlos.

Veinte minutos después, dentro de la cueva, Thrall y Cairne deciden
separarse para explorar el laberinto. Thrall, liderando un grupo de
orcos y trolls, tiene que enfrentarse a una serie de criaturas de
ultratumba y monstruos ancestrales que se encuentran prisioneros en
el laberinto, hasta que finalmente llega a un cruce que se encuentra
resguardado por una estatua. Asombrosamente, la estatua comienza a
hablar. Dice llamarse Aszune, una antigua princesa Elfa Nocturna que
una maldición convirtió en piedra. Su estatua ahora resguarda el
camino al Oráculo, y nadie podrá pasar hasta que su corazón le sea
devuelto. Explorando las cavernas, los orcos hallan a un dragón rojo
peleando con unas harpías. Thrall ordena unirse a la batalla y ambas
fuerzas son derrotadas. Al morir el dragón, deja caer un extraño
medallón con una gema que trae la efigie de Aszune. Thrall regresa
su corazón a la estatua, que les cede el paso. Sin embargo, se
encuentra con un río de lava que no pueden cruzar. En ese momento,
Cairne y sus Tauren aparecen. Durante su búsqueda, encuentran otra
gema, que al parecer encaja perfectamente en una abertura cerca de
la estatua de Aszune. Al colocarla, un puente de energía se forma
sobre el río de lava, permitiendo a los miembros de la Horda pasar
hacia el otro lado.

Thrall y Cairne llegan al salón del Oráculo, y se topan con los
humanos y su joven hechicera, que no es otra que Jaina Proudmoore.
Cuando ambas facciones se preparan para pelear, una poderosa voz les
ordena respetar la solemnidad del lugar. Asombrado, Thrall reconoce
al Profeta. Éste le presenta a Jaina Proudmoore, líder de los
sobrevivientes de la Alianza de Lordaeron. Es cuando Thrall se
entera de que la Legión Ardiente está arrasando Azeroth y que
Lordaeron realmente ha caído. Los demonios se dirigen ahora hacia
Kalimdor, y la Horda y la Alianza deben unirse para combatirlos, o
todo estará perdido. Aunque ambos se resisten al principio, Thrall y
Jaina entienden su deber, y acceden a unir sus fuerzas.
Lamentablemente, el Profeta también advierte a Thrall que Grom ha
caído bajo la maldición de la Legión, y que el destino de la Horda
solamente podrá estar seguro si el Warsong es rescatado de la
influencia demoníaca.

Tres días después, cerca de la entrada a los Barrenos, Thrall, Jaina
y Cairne discuten cómo liberar a Hellscream y los Warsong del
control de la Legión. Jaina le entrega a Thrall una esfera mágica,
en la que éste deberá capturar a Grom. Una vez capturado, deben
regresar a la base de Jaina, donde los sacerdotes Altos Elfos y los
chamanes orcos lo liberarán de la corrupción. Thrall agradece a
Jaina su asistencia y ella parte hacia su base.

Una vez que los héroes regresan a su propio campamento, Cairne nota
que Thrall está turbado. El Señor de la Guerra está frustrado por
tener que combatir a sus propios hermanos para salvarlos de la
extinción a manos de la Legión.

Conforme la Horda y la Alianza van haciendo su camino hacia el
campamento Warsong, el cielo se enrojece y enormes meteoros empiezan
a caer: Los Infernales de la Legión han llegado. La Legión se ha
enterado de los planes de Thrall y Jaina, y deben ser detenidos o
todo se perderá. Muchos valientes guerreros caen ante las demoníacas
fuerzas combinadas de los orcos Warsong y sus guardianes de la
Legión, pero finalmente el camino a Grom logra abrirse. Thrall
confronta a Hellscream directamente, tratando de persuadir a Grom de
acompañarlo sin resistencia. Hellscream se niega, clamando que el
destino de los orcos es servir a Mannoroth y la Legión. Thrall no
conoce a Mannoroth y cree que Grom está alucinando, pero Hellscream
le replica que Thrall solamente conoce la mitad de la historia.
Cruelmente, le revela que los Jefes de los Clanes, para sellar su
pacto con los demonios, bebieron por propia voluntad la sangre de
Mannoroth, y que él, Grom Hellscream, fue el primero de todos.
Thrall pierde el control ante la aplastante verdad y lucha con el
Jefe Warsong hasta que logra encerrarlo en la esfera mágica,
regresando rápidamente a la base de Jaina.

Después de muchos conjuros y oraciones por parte de los sacerdotes y
los chamanes, el jefe Warsong es purificado y, avergonzado, solicita
a Thrall su perdón por sus acciones, pero Thrall le dice que lo
necesita para liberar a los orcos de la maldición de los demonios
para siempre. Grom le dice que en el cañón cercano podrán
enfrentarse cara a cara con Mannoroth en persona.

Ambos jefes ingresan precavidamente dentro del cañón. La risa
burlona de Mannoroth hace eco entre los muros. El sabía que vendrían
a buscarlo, pero ellos deben saber que la Horda nunca podrá librarse
de la influencia de la Legión. El gigantesco Señor del Foso aparece
detrás de los héroes orcos y comienza a ofenderlos. Thrall intenta
herirlo con el Doomhammer, pero Mannoroth logra defenderse usando
una de sus alas, y cargando contra los orcos, logra lanzar a Thrall
hacia una de las paredes y dejarlo inconsciente. Mientras Grom trata
de recuperarse del ataque, Mannoroth lo incita, diciéndole que, en
lo profundo de su ser, Grom sabe que ambos, él y Mannoroth, son lo
mismo. Con sus ojos enrojecidos por la furia, Grom lanza su grito de
guerra y arremete contra Mannoroth. El Señor del Foso logra rechazar
a Grom con su espada, pero el hacha del Warsong se ha clavado
profundamente en el pecho del demonio. Mortalmente herido, Mannoroth
colapsa, y estalla en una furiosa ola de fuego.

Con serias quemaduras, Grom cae y espera la muerte. Thrall, herido,
se acerca a su amigo moribundo y escucha sus últimas palabras.
Lentamente, sus ojos enrojecidos por la furia vuelven a tener su
color normal, y Grom siente cómo la influencia demoníaca va
extinguiéndose en su ser: se ha liberado a sí mismo. Por primera y
última vez en su vida, Grom, el líder de los Warsong, el imbatible,
el más violento de los guerreros de todas las guerras orcas, siente
la tranquilidad de la paz, mientras se reúne con los espíritus de
sus ancestros. Pero la muerte de Grom no sólo lo ha liberado a él:
ha liberado a todos los orcos de la maldición de la sed de sangre.

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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:53 am

El Fin de la Eternidad

Con el heroico sacrificio de Grom Hellscream, el Señor del Foso
Mannoroth fue derrotado, y la maldición demoníaca que había
esclavizado a los orcos llegó a su fin. Entonces, las fuerzas
combinadas de orcos y humanos se adentran en el bosque de Ashenvale
para construir una fortaleza donde ambas fuerzas puedan enfrentarse
a la Legión, sin saber a ciencia cierta contra qué van a
enfrentarse.

Sin saberlo, entre las sombras otro enemigo los acecha. Tyrande
Whisperwind, la Sacerdotisa de la Luna, líder de las Centinelas
Elfas Nocturnas durante más de diez mil años, cree que la presencia
de los extranjeros solamente traerá dolor a su encantada patria. La
arquera Shandris Feathermoon interrumpe a Tyrande mientras esta se
encuentra en comunión con el bosque. La Sacerdotisa siente que algo
oscuro se acerca, pero no se encuentra segura de su identidad.
Shandris sugiere que pueden ser los pieles verdes que asesinaron a
Cenarius, pero Tyrande cree que hay algo peor, por lo que convoca un
búho invisible para explorar el área. El ave mágica vuela sobre el
bosque y descubre la base de la Alianza y la Horda, donde los nuevos
aliados planean talar los árboles para construir su fortaleza. Este
hecho irrita a Tyrande, por lo que ordena a las Centinelas repeler
cualquier intento de los extranjeros de penetrar en Ashenvale.

Conforme las tropas de Tyrande exploran el área, encuentran una
tribu de furbolgs. El anciano chamán de la tribu se prepara para
movilizar a su pueblo, debido a que siente que una malvada presencia
se avecina sobre el bosque. Sin embargo, muchos de los miembros de
su tribu se han extraviado en su viaje a la aldea, y el chamán
solicita a la Sacerdotisa ayudarle a buscar a los fulborgs perdidos,
a lo que Tyrande accede.

Durante su trayecto al asentamiento enemigo, Tyrande va liberando
furbolgs cautivos, por lo que el chamán decide ayudarla en su
combate enviándole a sus mejores guerreros. Con la aldea furbolg
evacuada, Tyrande prepara su ataque contra los extranjeros, los
cuales están comandados por el Duque Corazón de León, un paladín de
Lordaeron que siguió a Jaina hacia Kalimdor. Mientras hay una
encarnizada batalla entre las Centinelas y los extranjeros,
repentinamente la base es atacada por una inmensa ola de muertos
vivientes y demonios. Superados en número, Tyrande ordena a sus
fuerzas replegarse en la profundidad del bosque.

Tres horas más tarde, en algún lugar en las faldas del Monte Hyjal,
Tyrande y sus arqueras sobrevivientes escapan de las fuerzas de la
Legión y el Azote, pero finalmente son acorraladas por la Guardia
del Apocalipsis, y las arqueras son asesinadas. Archimonde y
Tichondrius se materializan y confrontan a Tyrande, y ella se
asombra de observar nuevamente a Archimonde después de diez mil
años. El demonio proclama que la Legión ha vuelto para consumir
Azeroth, y que esta vez, los Kaldorei no podrán detenerla. En el
momento en que la Guardia del Apocalipsis se dispone a matar a
Tyrande, ésta se fusiona con la sombra y desaparece de la vista.
Archimonde, urioso, ordena a la Guardia encontrar a la Sacerdotisa
antes de que escape de la zona. Tyrande, que reaparece una vez que
se han marchado, comprende que éste es el día largamente temido por
las Centinelas, en que la Legión reaparecería sobre el mundo.
Rápidamente, se adentra en el bosque para advertir a sus hermanas.

Aprovechando la noche, Tyrande se escabulle por el bosque, eludiendo
las patrullas de la Guardia del Apocalipsis y los puestos de
observación de los muertos vivientes, hasta que finalmente, luego de
cruzar el río, logra llegar a una base de las Centinelas, las
Shadowleaves, la cual está seriamente dañada. Shandris, quien se
encuentra a cargo de la base, le informa del sorpresivo ataque del
Azote, pero Tyrande le advierte que el verdadero enemigo es la
Legión Ardiente. Como última salida, Tyrande decide despertar a los
druidas, quienes duermen el Sueño Esmeralda desde hace diez mil
años.

Al día siguiente, en las afueras de los sagrados Claros de la Luna,
las Centinelas se preparan para recuperar el Cuerno de Cenarius, un
poderoso artefacto que es el único que puede despertar a los druidas
de su profundo sueño. Sin embargo, los orcos, inadvertidamente, han
construido una base cerca de donde descansa el Cuerno, por lo que
las Elfas se ven obligadas a luchar con ellos para llegar al Cuerno.
Para complicar las cosas, los muertos vivientes han empezado a
deforestar el bosque para llegar al Túmulo donde descansa el druida
más poderoso, que no es otro que Shan’do Malfurion Stormrage. Si el
Azote llega antes de que él despierte, todo se habrá perdido.

El camino es largo y peligroso, pero finalmente, las Centinelas de
Tyrande logran derrotar a los ancestrales Guardianes del Bosque,
hijos de Cenarius que protegen el Cuerno, y recobrar a tiempo el
precioso artefacto. Tyrande sopla el Cuerno, y Malfurion se levanta
de su sueño. Inmediatamente, siente la cercana presencia de los
muertos vivientes, e invoca un ejército de treants para derrotar a
los invasores.

Dos días más tarde, en la profundidad del Valle de la Primavera y el
Invierno, Malfurion agradece a Tyrande el haberlo despertado, pues
él, en la profundidad del Sueño Esmeralda, podía sentir la
corrupción de Kalimdor. Tyrande, sin embargo, se encuentra resentida
con él por haberla dejado sola por diez mil años. Malfurion sospecha
que Archimonde tratará de llegar a la cima del Monte Hyjal e
intentará absorber los poderes mágicos del Árbol del Mundo. Si esto
sucede, la fuente de la vida en Azeroth será destruida y el mundo
estará condenado. Mientras discuten esto, una cercana batalla entre
humanos y muertos vivientes capta su atención. Malfurion piensa que
talvez los extranjeros podrían ser útiles aliados contra la Legión,
pero Tyrande no confía en ellos. Los Elfos Nocturnos deciden
establecer una nueva base y despertar a los Druidas de la Zarpa, los
cuales duermen cerca del Valle.

Durante el camino, ejércitos de la Alianza y la Horda luchan contra
los muertos vivientes, obligando a los elfos a movilizarse con
cautela. Entonces, se encuentran con los furbolgs que Tyrande
anteriormente había ayudado. Lamentablemente, estos no lograron
escapar, pues al acercarse a una fuente a beber agua, ésta había
sido corrompida, y los furbolgs se habían vuelto locos y violentos.
Profundamente dolida, Tyrande se ve obligada a acabar con ellos.
Para horror de los elfos, una parte del bosque lentamente ha caído
bajo el influjo maligno de un oscuro espíritu, el cual deberá ser
destruido para poder restaurar a los ancestrales espíritus del
bosque. Finalmente, luego de destruir a un grupo de Ancestros
corrompidos por los Sátiros de Ticondrius, Malfurion y Tyrande
llegan al Valle, y usando el Cuerno de Cenarius, Stormrage despierta
a los Druidas de la Zarpa.

A la mañana siguiente, en las cavernas de los Túmulos Profundos de
Monte Hyjal, Malfurion y Tyrande buscan a los Druidas de la Garra.
Malfurion previene a sus tropas, pues los Túmulos Profundos han
estado sellados por casi tres mil años, por lo que no se sabe que
oscuras criaturas habrán hecho su hogar en los perdidos túneles.
Adicionalmente, Malfurion no sabe como los Druidas de la Garra
responderán al ver a los otros Elfos Nocturnos por primera vez desde
que entraron en el Sueño Esmeralda. Tyrande lo apresura, pues
mientras más tiempo pase, más corromperá el poder de la Legión los
bosques de la superficie.

Luego de luchar dentro del laberinto con una horda de arañas
gigantescas, Tyrande y Malfurion se topan con una tribu de furbolgs.
En ese momento, Tyrande observa que aquel chamán que había ayudado,
había logrado escapar de la corrupción de sus hermanos, y que una
pequeña parte de la tribu sobreviviente se había escondido en las
cavernas. Sin embargo, el chamán había sido mordido por una araña
venenosa. Para salvarlo, Tyrande busca una fuente mágica de la vida,
cuyas aguas restauran la salud del chamán. Una vez más, en
retribución, el chamán le otorga un poderoso Talismán de lo Salvaje,
para que los Elfos invoquen la ayuda de los furbolgs siempre que la
necesiten.

Continuando su viaje, en la parte más profunda de la caverna,
encuentran una enorme puerta cerrada. Tyrande no recuerda qué se
oculta tras la puerta, pero Malfurion le dice lo que ésta
representa: la prisión de Illidan Stormrage, su hermano gemelo.
Tyrande cree que Illidan sería un perfecto aliado contra los
demonios y los muertos vivientes, pero Malfurion no concuerda, pues
Illidan es demasiado peligroso como para traerlo de nuevo a la
superficie del mundo. Tyrande, furiosa, declara que solamente Elune
puede prohibirle cualquier cosa, y penetra a la prisión junto a sus
Centinelas para liberar al Cazador de Demonios. Malfurion,
resignado, continúa junto a sus druidas la búsqueda de sus hermanos.

Malfurion, finalmente, alcanza el corazón de los Túmulos, pero para
penetrar debe luchar contra un grupo de Guardianes Wildkin, los
cuales defienden a los “dioses oso”. Stormrage se preocupa por esto,
dado que los druidas normalmente se presentan con su forma de elfo,
y no como “dioses oso”. Más adelante, las fuerzas de Malfurion se
enfrentan a un pequeño grupo de dragones negros que se ha refugiado
en la oscuridad de las cavernas. Recordando la traición del Dragón
Negro Neltharion en la Guerra de los Ancestros, Malfurion los
destruye. Sin embargo, el siguiente descubrimiento del Shan’do es
aún más terrorífico.

Los Druidas de la Garra habían estado en su forma de oso por tanto
tiempo, que habían sucumbido a sus instintos animales y se habían
vuelto feroces y poco inteligentes. El Cuerno de Cenarius los había
despertado ya, pero Malfurion necesitaba encontrar un lugar para
hacer sonar de nuevo el Cuerno y hacerlos entrar en razón. Los
Druidas del Talón invocaron sus poderes de ciclón, con el objeto de
neutralizar a los Druidas de la Garra sin hacerles daño. Pronto los
druidas recapacitan y vuelven a su forma de elfo, disculpándose con
Shan’do Stormrage. Rápidamente, todo el grupo vuelve a la
superficie.

Mientras tanto, Tyrande y las Centinelas se adentraban en la prisión
de Illidan, luchando contra las Guardianas, una élite especial de
Elfas Nocturnas que hacen de carceleras. La prisión se encuentra
fuertemente resguardada, pero la fría determinación de Tyrande de
derrotar a la Legión la ayuda, y las Guardianas no son rival para
las Centinelas. Pronto, Tyrande llega frente a la formidable celda
de Illidan. Allí, debe enfrentarse a Califax, el poderoso Guardián
del Bosque, hijo de Cenarius. Califax le advierte que no debe
permitir la salida del traidor, sin embargo, Tyrande está decidida,
y luego de una gran batalla con el Guardián, la Sacerdotisa logra
vencerlo. Después de diez mil años prisionero bajo el subsuelo, la
voz de Tyrande parece la de un ángel para Illidan. Él le pregunta
porqué ha venido, y ella le responde que los demonios han regresado
y que los Elfos Nocturnos, una vez más, necesitan a su gran campeón.
Illidan acepta ayudar, pero lo hará para redimirse así mismo y no
por los Kaldorei.

Una vez fuera de las cavernas, el grupo de Tyrande se encuentra con
Malfurion y los druidas. El reencuentro de los dos hermanos no es
nada alentador: Malfurion le recuerda a Illidan su traición, y éste
le reprocha el haberlo aprisionado, a lo que Malfurion responde que
fue consecuencia de sus propios crímenes. Illidan le recuerda que
ambos lucharon juntos contra los demonios, pero solamente él fue
encerrado. Tyrande interrumpe la discusión y arenga a los hermanos a
reconciliarse para poder derrotar a la Legión, pero Malfurion no
quiere tomar parte y se marcha con los druidas.

Al anochecer siguiente, en lo más profundo de los corrompidos
bosques de Felwood, Illidan saborea su libertad. El Cazador de
Demonios quiere probarle a su hermano que no es un villano, que los
demonios ya no tienen control sobre él. En ese momento, sobre una
cercana colina, aparece una tétrica figura: es Arthas, el Caballero
de la Muerte. Ambos empiezan a luchar, pero conforme avanza la
pelea, se dan cuenta que sus fuerzas están muy equiparadas y podrían
seguir luchando por siempre, por lo que Illidan le pregunta a Arthas
qué es lo que realmente busca, y el Caballero de la Muerte le
explica que un Señor del Terror, llamado Tichondrius, tiene bajo su
control un poderoso artefacto, que es el que corrompe el bosque.
Este artefacto es nada menos que la Calavera de Gul’dan, el brujo
orco, que Tichondrius ha rescatado del colapso de Draenor luego de
que Ner´zhul abrió los portales. Arthas desea que Illidan robe este
artefacto, pues la derrota de la Legión sería muy útil para “su
Maestro”. Illidan le pregunta por qué ha de creerle, y Arthas le
responde que su maestro sabe que la verdadera obsesión de Illidan es
el poder. La Calavera de Gul’dan le dará al Cazador de Demonios
verdadero poder, y todos sus enemigos serán derrotados. Una vez
cumplida su misión, Arthas se aleja. Sucumbiendo a su antigua
adicción a la magia y al poder de la que siempre fue esclavo,
Illidan guía a sus fuerzas para atacar a los guardianes de la
Calavera.

A pesar de poseer dos bases de Sátiros y Ancestros corruptos que
protegen una puerta demoníaca, y estar reforzados por cientos de
guerreros esqueletos, las fuerzas de la Legión no pueden detener el
avance del Cazador de Demonios, quien barre con ellos como antaño lo
hiciera, utilizando para ello las poderosas Espadas Curvas de
Azzinoth. Derrotados los guardianes, Illidan se dispone a destruir
la Calavera de Gul’dan. Sin embargo, su adicción le ataca una vez
más. En lugar de destruir para siempre la Calavera, reclama su poder
para sí. Al consumir sus oscuros poderes, Illidan sufre una
monstruosa metamorfosis y se transforma en un híbrido de Elfo
Nocturno y Demonio, con el suficiente poder para derrotar al mismo
Tichondrius. Una nueva y terrible batalla a lo largo del bosque de
Felwood se desarrolla entre Illidan y las fuerzas de Tichondrius.


Finalmente, luego de un enorme combate, Illidan encuentra al
Nathrezim rodeado por su guardia personal. Tichondrius no reconoce a
Illidan, y el Cazador de Demonios reta a Tichondrius a una batalla.
Aunque el Señor del Terror tiene inmensos poderes, la combinación de
los poderes demoníacos de Gul’dan y la magia elfa de Illidan ahora
lo hacen un retador impresionante, y Tichondrius el Oscuro es
finalmente derrotado.

Mientras Illidan se encuentra exultante por su victoria sobre el
Señor del Terror y sus nuevos poderes, Tyrande y Malfurion llegan.
El Shan’do pregunta al demonio qué ha hecho con su hermano y no le
reconoce hasta que Illidan explica sus acciones. Entonces, ambos
elfos se enfurecen al ver que Illidan sacrificó su alma para vencer
a Ticondrius, y el Archidruida inmediatamente expulsa a Illidan de
Kalimdor para siempre. Illidan se da media vuelta, y se adentra en
el bosque, derribando los árboles a su paso.


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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

Mensaje por MERCER el Dom Ago 24, 2008 10:54 am

La Batalla del Monte Hyjal

“…y ahora, es
mi turno de menguar y tomar mi lugar entre las leyendas del pasado.”


Dos días después, en un tranquilo claro del Monte Hyjal, Tyrande y
Malfurion discuten acerca de un sueño que el Shan’do tuvo la noche
anterior. Malfurion soñó que un cuervo lo llamaba hacia ese claro.
Tyrande se encuentra impaciente pues las preparaciones para el
combate contra la Legión no pueden esperar. En ese momento, Thrall y
Jaina Proudmoore llegan al claro, refiriendo que ellos fueron
llamados a ese lugar también. Tyrande les deja claro que los orcos y
los humanos no son bienvenidos en Ashenvale.

Justo en ese instante, un gran cuervo aparece entre los líderes y se
metamorfosea en el Profeta. Una vez más, habla a los héroes sobre la
unión de todos los ejércitos como única opción para salvar al mundo
de los demonios. Cuando Malfurion pregunta al Profeta acerca de su
identidad, el misterioso viajero finalmente revela sus secretos.

Él es la razón del regreso de la Legión. Hace treinta y cuatro años,
él abrió el Portal Oscuro y trajo a los orcos al mundo de Azeroth.
En el proceso, inadvertidamente dejó pasar a los agentes de la
Legión Ardiente a la realidad mortal. Por sus crímenes, fue
asesinado por sus amigos. Luego de su muerte, la guerra devastó los
reinos del este por muchos años, dejando muchas regiones desoladas
Ahora, finalmente, ha regresado para redimirse de sus pecados y
hacer lo que tenía que hacer desde el principio. El es Medivh, el
Último Guardián de la Orden de Tirisfal, y ha venido para unir a las
razas mortales contra los enemigos de todo lo que vive. Los héroes,
paralizados por las grandes revelaciones, acuerdan rápidamente unir
sus fuerzas contra Archimonde el Profanador y la Legión Ardiente.

A la mañana siguiente, cerca de la cima del Monte Hyjal, los Elfos
Nocturnos, la Horda y la Alianza planean su defensa de la montaña.
Jaina aparece en la reunión y porta terribles noticias. Archimonde,
la Guardia del Apocalipsis, los Infernales, los Señores del Foso,
los Señores del Terror, los Sabuesos del Infierno y el Azote se
encaminan hacia el Árbol del Mundo, y llegarán a las bases de los
aliados en cualquier momento. Malfurion revela que los Elfos
Nocturnos derrotaron a la Legión hace diez mil años, y gracias al
Árbol del Mundo, son inmortales. Ahora es el momento de devolverle
ese poder al Árbol del Mundo para que él les pueda ayudar a repeler
a Arquimonde y salvar Azeroth de la aniquilación. El Shan’do
inmediatamente parte hacia la cima de Hyjal para planear la acción.

Mientras tanto, los otros acuerdan que los Centinelas de Tyrande
proveerán soporte y ayuda a las bases de la Alianza y la Horda y las
protegerán del avance de la Legión. Esto le dará a Malfurion tiempo
suficiente para preparar las defensas de Nordrassil. Antes de que la
reunión se deshaga, Tyrande se disculpa con Thrall y Jaina por mal
juzgarlos y ella les da la bendición de Elune. Los cuatro líderes
saben que muchos de sus valientes caerán ese día, pero si el plan de
Shan’do Stormrage funciona, no morirán en vano.

En ese momento, Shandris alerta que Archimonde el Profanador ha dado
la orden de ataque, y las fuerzas de élite de los demonios de la
Legión junto a los guerreros del Azote asaltan la montaña. Ayudado
por tres de sus más grandes lugartenientes, el temible Señor del
Foso Azgalor, el Nathrezim Anetheroc y el Lich Jaina y sus humanos,
altos elfos y enanos levantan una gran resistencia con sus torres y
barricadas. Al final, la base de Jaina es la primera en caer, aunque
las fuerzas de Arquimonde sufren grandes dificultades. Sobre las
ruinas de las fortificaciones de lady Proudmoore, Arquimonde levanta
una nueva base.

La Legión avanza hasta la base de la Horda, y luego de una gran
defensa por parte de los orcos, los tauren y los trolls Darkspear,
finalmente logran derrotarlos. Archimonde confronta a Thrall,
amenazándolo con destruir a su raza por rebeldes, pero el joven orco
le responde que ellos, al fin, son libres. Thrall finalmente es
rescatado por Jaina. Una vez más, los defensores se ven obligados a
retroceder ante el feroz ataque de los invasores. Ahora, únicamente
la base de los Elfos Nocturnos de Tyrande resiste el ataque. Aun
así, los ejércitos mortales logran infligir un gran daño a las
fuerzas de Archimonde, y se ganan un poco de tiempo para que Shan’do
Stormrage finalice la trampa.

La Alianza, la Horda y los Elfos Nocturnos hacen su defensa final en
base de los Kaldorei, y la batalla llega a su punto álgido.
Archimonde, minimizando la gran resistencia de los ejércitos
mortales, desata toda la furia de la Legión y el Azote. Olas de
muertos vivientes y Guardianes del Apocalipsis chocan contra los
defensores del campamento de Tyrande y luchan contra los venerables
Ancestros y treants. Sabuesos del Infierno atacan a los poderosos
magos humanos, chamanes orcos y druidas elfos nocturnos, y Dragones
de Hielo y Gárgolas atacan desde los cielos, mientras las Centinelas
les lanzan cientos de flechas y los Wyvern, Grifos y Quimeras luchan
por sacarlos del espacio aéreo. Iracundos guerreros esqueletos,
necrófagos, zombis y abominaciones se enfrentan a las disciplinadas
fuerzas de los paladines, los fusileros enanos, los hechiceros altos
elfos, los guerreros orcos, los poderosos tauren, los trolls
Darkspear y las cazadoras elfas nocturnas de Shandris. Los furbolgs,
bajo el mando de su chamán, en retribución a la ayuda que tantas
veces recibieron de Tyrande, se han unido a la batalla. Los Trolls
Oscuros, cuyas tribus pueblan Ashenvale, han comprendido que la
única salvación de su raza es aliarse con Tyrande y los suyos,
aunque sea como mercenarios. Heridos, disminuidos, los defensores se
retiran hasta el Árbol del Mundo. Shandris Feathermoon ha caído
heroicamente defendiendo Nordrassil. Archimonde, sintiendo la
victoria al alcance de la mano, arrasa la montaña, derribando al
suelo las estructuras de los Elfos Nocturnos. Seguro de su triunfo
sobre las razas mortales, el Eredar inicia el ascenso de Nordrassil
y se prepara para drenar su poder.

Sin embargo, Malfurion informa a sus aliados que las defensas están
completas y que Arquimonde camina directamente a la trampa del
Shan’do.

Tomando el Cuerno de Cenarius en sus manos, Malfurion lanza un largo
sonido que no se escuchaba desde la Guerra de los Ancestros. Uno por
uno, los Espíritus del Bosque dejan los árboles de Ashenvale y
comienzan a rodear el Árbol del Mundo y a Archimonde. El demonio se
da cuenta de lo que ocurre, pero es tarde. Los poderes combinados de
Nordrassil y los Espíritus de Ashenvale son superiores al Señor de
los Demonios, y la energía es tan poderosa, que finalmente,
Archimonde se consume.

Con su último aliento de agonía, Archimonde explota y envía una onda
de fuego de arrasa con el bosque. Cientos de acres son quemados, y
Nordrassil sufre severas quemaduras. El Líder de la Legión Ardiente
es destruido. Asombrados y confundidos, los demonios huyen hacia los
bosques, donde más tarde serán cazados y muertos.

Medivh observa como los ejércitos de las razas mortales celebran su
victoria. Miles de vidas se han perdido y el mundo de Azeroth ha
sido severamente dañado. Sin embargo, si los humanos, los orcos y
los elfos nocturnos pudieron dejar atrás los viejos rencores y
unirse, talvez el mundo aún tiene esperanzas.

Su tarea está completa. Medivh se prepara para dejar Azeroth para
siempre y tomar su lugar entre las leyendas del pasado.















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Re: Segunda Parte: El Reino del Caos

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